CAPÍTULO 29

La playa escondida estaba al otro lado del acantilado, a veinte minutos caminando por un sendero de piedra que alguien había construido para que los Lincoln pudieran llegar sin sudar demasiado. Aun así, Camilo sudó.

Valentina caminaba delante con la toalla al hombro, el tupper de pasta en una mano y el vino malo en la otra. Llevaba un pareo atado a la cintura y unas sandalias que le quedaban grandes porque eran de la villa y la villa estaba equipada p

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