CAPÍTULO 28

Camilo estaba sentado en la terraza con el teléfono en la mano y el mar delante y la certeza de que estaba haciendo algo patético.

Marcó el número de Camila.

Tres tonos. Cuatro. Buzón.

Colgó. Esperó un minuto. Marcó otra vez.

Buzón.

Otra vez.

Buzón.

Se quedó mirando la pantalla con el nombre de su hermana brillando en la oscuridad. Tres llam

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