La tarde se cernía sobre la casa de Dimitrix, una vasta y elegante propiedad de diseño moderno con ventanales que se abrían a un paisaje boscoso. Las cajas de Isabella, sorprendentemente pocas tras la debacle con Alejandro, se amontonaban discretamente en la sala de servicio. A pesar del lujo circundante, Isabella se sentía como una pieza transplantada, fuera de lugar y en duelo.
Isabella estaba de pie junto a la ventana panorámica, con la mirada perdida en la línea de árboles. Había una soleda