Elio estaba en su oficina revisando algunas propuestas de negocios cuando su mente, inevitablemente, se desvió hacia los recuerdos de Cristina.
Dejó el bolígrafo sobre la mesa, recostándose en el respaldo de su silla mientras su mirada se perdía en la ventana. Las palabras de ella aún resonaban con fuerza en su cabeza, frías y duras, como un golpe que no había podido esquivar.
“Aquí no soy tu esposa, Elio… para ti soy la empresaria Bianchi.”
Elio sonrió con una mezcla de ironía y nostalgia.
—Nu