—Te diré algo más —añadió con una sonrisa amarga—: deberías olvidarte de esa mujer. No la viste con ese hombre el otro día… hasta donde escuché, dijo que era su esposo.
El golpe fue directo al pecho. Rubén sintió cómo una corriente de rabia y celos lo atravesaba. Golpeó la mesa con fuerza, haciendo que Clara se sobresaltara.
—¡Ya cállate, Clara! —rugió, conteniendo la furia—. ¡Y sal de mi oficina!
Por un instante, el silencio fue total. Clara lo miró con una mezcla de miedo y desprecio. Luego t