Elio caminó con paso firme hacia la salida del restaurante. Cristina lo siguió, con el corazón latiendo con fuerza, como si cada paso la acercara a un campo minado. Cuando llegaron al estacionamiento, ella se detuvo de golpe.
—Si crees que aún tienes derecho sobre mí, estás equivocado, Elio Caruso. —Su voz temblaba de rabia, pero sus ojos brillaban de decisión—. Hace cinco años que ya no te pertenezco. Si de verdad quieres un hijo, búscate a alguien dispuesta a dártelo… pero olvídate de nosotro