Elio abrió la caja fuerte con el mismo código que había usado por años. Sus manos temblaban mientras sacaba un sobre marrón que había guardado como si fuese un secreto maldito. Lo sostuvo unos segundos en el aire, sintiendo el peso de ese pedazo de papel que había marcado su destino. Inspiró profundo, como quien se prepara para recibir un golpe en el pecho. Finalmente, lo abrió con dedos temblorosos y extrajo un papel doblado con cuidado.
Su respiración se aceleró. Elio desplegó el documento so