– El Rumbo de la Redención
El sol de la mañana entraba con fuerza por los ventanales de la habitación de Elio, pero por primera vez en semanas, la luz no le molestaba. No había botellas vacías sobre la mesa de noche, ni el olor rancio del whisky barato impregnando las sábanas. Elio terminaba de cerrar su maleta cuando su teléfono vibró sobre la cama. Era una llamada de un número privado.
—¿Diga? —contestó Elio con voz clara.
—Señor Caruso, hablo con el agente que contrató —dijo una voz grave a