– El refugio de las sombras
El jardín quedó atrás, pero la imagen de Elio marchándose permanecía suspendida en el aire como una neblina que se disipa lentamente. Isaac, ajeno a las tormentas emocionales de los adultos, ya estaba de rodillas nuevamente sobre el césped, haciendo rugir su pequeño auto rojo contra la pista de plástico.
Cristina buscó con la mirada a una de las empleadas de confianza que caminaba por el corredor lateral.
—Rosa, por favor, cuida de Isaac un momento. Estaremos adentro