El jardín de la mansión Bianchi estaba cubierto de un verdor impecable, con rosales que se alzaban majestuosos y senderos de piedra que parecían diseñados para invitar a la calma. El sol de la tarde se filtraba entre las hojas, proyectando sombras suaves sobre la grava. Cristina caminaba lentamente junto a su abuelo Lucas, sosteniéndole del brazo con ternura.
El viejo la miraba de reojo, feliz de tenerla a su lado después de tanto tiempo, aunque en su interior sentía la nostalgia de los años qu