– El último acto de los Caruso
El silencio que siguió a la confesión de Elio era tan espeso que parecía asfixiar el aire de la habitación. Cristina permanecía sentada en el borde de la cama, con la mirada perdida en un punto indefinido de la alfombra. Todo lo que había creído sobre el linaje, el orgullo y la herencia de esa casa se desmoronaba frente a ella como un castillo de naipes.
—Entonces... —¿Todo fue una mentira? —susurró Cristina, volviendo la vista hacia él—. ¿Tú no eres un Caruso, E