– Ecos de una resaca moral
La luz del sol se filtraba a través de las pesadas cortinas de terciopelo de la habitación, clavándose en los ojos de Rubén como agujas incandescentes.
Un gemido ronco escapó de su garganta antes de que pudiera siquiera abrir los párpados. Sentía la cabeza como si alguien estuviera martillando clavos oxidados en sus sienes, un dolor pulsante y rítmico que seguía el compás acelerado de su propio corazón. La boca le sabía a ceniza y a metal, el regusto inconfundible del