– Mercancía de contrabando
Había pasado una semana exacta desde el funeral de don José. Siete días en los que la ciudad había llorado al magnate, los periódicos habían especulado sobre el futuro del imperio y Óscar Caruso se había sumido en una depresión silenciosa, encerrado en la mansión como un espectro.
Pero en la oficina principal de la torre corporativa, en el piso cuarenta y dos, el aire estaba viciado por algo mucho más tóxico que el luto: el miedo.
Elio estaba de pie junto al inmenso v