Roxana correspondió el abrazo con fuerza. Al ver a su sobrina, a su aliada, sus hombros se relajaron por primera vez en toda la mañana.
—Laura, querida. Qué bueno que llegaste.
—Vine en cuanto me enteré. Es… terrible —dijo Laura, aunque sus ojos brillaban con una intensidad que no era tristeza.
Se separó de su tía y caminó hacia Elio.
Se paró frente a él, invadiendo ligeramente su espacio personal, con esa confianza que da la intimidad compartida y los secretos de alcoba.
—Elio —dijo suavemente