Elena no tenía prisa.
Esa era la primera regla.
Si iba a hacer esto...
Lo haría bien.
Sin emoción.
Sin vacilación.
Solo precisión.
—¿Cuál es el plan?
La voz de Luca era suave.
Observando.
Elena se ajustó la pulsera lentamente.
—Sencillo —dijo.
Una pausa.
—Le recordaré por qué se enamoró de mí.
La mirada de Luca se ensombreció ligeramente.
—¿Y luego?
Lo miró a los ojos.
—Me lo quito.
Silencio.
Porque eso...
Eso no era venganza.
Eso era destrucción.
—¿Estás segura? —preguntó.
Ella no dudó.
—Sí.
Y