Adrian no dormía.
No podía.
Porque ella había vuelto.
No solo físicamente.
Completamente.
En su mente.
En sus pensamientos.
En cada momento que intentaba ignorar…
Y fracasaba.
«Te está manipulando».
La voz al otro lado del teléfono era tajante.
Adrian miraba por la ventana.
«Lo sé».
Una pausa.
«¿Y la dejas?».
Sus labios se curvaron ligeramente.
«No».
Otra pausa.
«Lo elijo».
Porque esta vez…
No estaba ciego.
Vio el juego.
Y aun así…
Cayó en él.
Eso no era debilidad.
Eso era obsesión.
Al otro lad