99. Una espina venenosa en la fiesta benéfica
Las palabras de Leon quedaron flotando en el aire. El oxígeno alrededor del mostrador de la caja registradora de pronto pareció escasear. Bianca contempló al hombre frente a ella sin pestañear. No iba a permitir que aquella amenaza resquebrajara su compostura.
—No sé de qué me está hablando, señor Sterling —respondió Bianca con frialdad.
Leon soltó una carcajada por lo bajo.
—Mi padre era su contable personal. Lo desechasteis como si nada. Tu marido destruyó a mi familia.
—Si su padre es un cri