100. Sinceridad sobre la almohada
El viaje de regreso en el coche transcurrió en el más absoluto silencio. Una fina llovizna volvía a bañar las calles de Seattle. Bianca miraba por la ventana empañada. Su mente no dejaba de repetir las palabras de Camilla en la fiesta. Tenía las manos fuertemente entrelazadas sobre su regazo.
Daniel estaba sentado a su lado con postura erguida. El hombre notó el cambio de humor de su esposa. Los dedos de Daniel se movieron y tocaron el dorso de la mano de Bianca. El roce se sintió inmensamente