98. El juego de cebo de la Reina
Los rayos del sol matutino se filtraban por las rendijas de las cortinas de la habitación de la villa. Bianca abrió los ojos lentamente. Sintió un cálido aliento en el hueco de su cuello. El fuerte brazo de Daniel aún rodeaba su cintura con firmeza. Sus cuerpos permanecían pegados bajo la gruesa manta. Bianca esbozó una leve sonrisa. Acarició el dorso de la mano de su marido con suma delicadeza.
Daniel dejó escapar un suave gemido en sueños. El hombre atrajo el cuerpo de Bianca aún más cerca. B