97. Calidez a orillas del lago
La fina lluvia caía, golpeando suavemente el cristal de la ventana de la habitación. Su sonido resultaba inmensamente tranquilizador. La chimenea, en un rincón del cuarto, ardía con calidez. La leña crujía suavemente mientras era consumida por el fuego.
Bianca estaba cómodamente recostada en la enorme cama. Su cabeza descansaba sobre el ancho pecho de Daniel. Una gruesa manta blanca cubría parte de sus cuerpos. El aire nocturno a orillas del lago se sentía, en efecto, muy frío.
—La lluvia no ha