37. A la caza del asesino de corbata de seda
El olor a humedad de la alfombra mojada, el humo de cigarrillos baratos impregnado en las paredes y el hedor a orina del sucio baño se mezclaban para formar un aire que asfixiaba los pulmones. Para un hombre que, durante las dos últimas décadas, solo había estado acostumbrado a inhalar las fragancias de los difusores de cristal de su lujosa mansión, el aire de aquella habitación del Motel Starlight se sentía como veneno.
Richard Eleanor estaba sentado en el borde de una cama cuyos muelles chirr