38. Confesiones en el subsuelo
Un dolor ardiente fue lo primero que recibió la consciencia de Richard Eleanor. Le palpitaba la cabeza como si le acabaran de golpear el cráneo con un mazo una y otra vez. La sensación de entumecimiento y el escozor de miles de agujas aún le recorrían la médula espinal, secuelas de la descarga eléctrica de alto voltaje que lo había paralizado en el sucio callejón la noche anterior.
Intentó levantar la mano para agarrarse la dolorida cabeza, pero su brazo fue retenido con fuerza. Se escuchó el f