32. Ejecución financiera: el arte de la guerra del CEO
La luz del sol matutino se filtró a través de las cortinas automáticas, que se abrían lentamente en el dormitorio principal del penthouse. Los rayos dorados iluminaron el rostro de Bianca, que seguía tumbada en la gigantesca cama. Abrió los ojos despacio, parpadeando para acostumbrarse a la luz.
Al instante, los recuerdos de la noche anterior —el sucio distrito, el olor a pólvora, la sangre y aquel beso que había calcinado su cordura dentro del coche— volvieron a golpear su mente como un maremo