Alexander narra:
El silencio de la mansión solía ser lo más valioso. Un entorno controlado, libre de interferencias, donde las decisiones se tomaban con la frialdad de un algoritmo. Pero hoy, ese mismo silencio se siente como un error de sistema. Camino por el pasillo de la segunda planta y mi mirada se desvía, por puro instinto, hacia la habitación de Emma. La puerta está entornada. No hay rastro de las maletas que solían estorbar en el vestidor, ni del aroma a vainilla y determinación que s