Alexander narra:
La penumbra de mi despacho en la mansión nunca me había parecido tan opresiva. Durante años, este espacio fue mi fortaleza, el lugar donde las emociones morían y los números dictaban la realidad. Pero esta noche, el silencio tiene una textura diferente; es denso, cargado de una expectativa que no puedo cuantificar en un balance de situación.
Me sirvo un whisky, pero el cristal se siente frío e inútil en mi mano. Mis pensamientos se desvían, como siempre en los últimos meses,