(Punto de Vista: Alexander) El control es una droga. He pasado treinta y dos años perfeccionando la dosis. Mi vida es una sucesión de algoritmos, decisiones basadas en riesgos calculados y una ausencia total de ruido emocional. O lo era, hasta que Emma entró en esta casa. No es el tipo de mujer que suelo tolerar en mi entorno; mis amantes siempre han sido etéreas, silenciosas, perfectamente predecibles e intercambiables. Emma, en cambio, es presencia. Es una fuerza de la naturaleza que ocupa el espacio sin pedir perdón, armada con un olor a vainilla, una mirada desafiante y un cuerpo que parece diseñado por un enemigo para recordarme que soy un hombre antes que un CEO. Después de que mi madre se marchara de la cocina, echando pestes tras mi advertencia, el aire entre nosotros quedó cargado de una electricidad estática, densa y peligrosa. Me quedé de pie, observándola. Esperaba ver lágrimas, el típico colapso de alguien que acaba de ser despedazado verbalmente por Victoria Vane. Per
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