capitulo 58

La oficina de mi padre olía a una mezcla de tabaco caro, cuero viejo y esa desesperación metálica que solo tienen los hombres que sienten cómo su imperio de naipes comienza a tambalearse. Me detuve frente a la puerta de roble, ajustando los puños de mi blazer blanco. Hace un año, este mismo pasillo me hacía sentir como una niña que iba camino al patíbulo. Hoy, el sonido de mis tacones sobre el mármol era una declaración de guerra silenciosa.

Entré sin llamar. Mi padre estaba de espaldas, mira
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