La oficina de Alexander no es un lugar diseñado para la comodidad; es un monumento a la eficiencia y al poder. El cristal y el acero dominan cada ángulo, y el aire acondicionado siempre parece estar un par de grados por debajo de lo humanamente soportable. Sin embargo, hoy, sentada en la silla de cuero frente a su escritorio mientras él termina una llamada transatlántica, el frío no me molesta. Lo que me inquieta es la forma en que el silencio se estira entre nosotros, cargado de una sensualid