El aire en la mansión Vane siempre ha tenido ese olor a flores caras y productos de limpieza industriales, pero hoy, mientras caminaba por el vestíbulo tras mi visita a la oficina de Alexander, el ambiente se sentía cargado de algo más: una tormenta eléctrica que no terminaba de estallar. Mis labios todavía guardaban el calor de aquel beso sobre su escritorio, y mis piernas, traidoras y temblorosas, me recordaban que la sensualidad que compartíamos era el único terreno donde él y yo hablábamos