capitulo 10
El despertador no tuvo que sonar. Llevaba media noche despierta, con el sabor del azafrán aún quemándome el recuerdo y la sensación de los dedos de Alexander en mi nuca grabada a fuego. El eco de sus palabras y la ferocidad con la que me había reclamado como su esposa frente a la élite del país aún resonaban en las paredes de mi mente. Habíamos regresado del Hotel Grand Imperial en un silencio sepulcral, una tregua armada donde ni los flashes de la prensa ni el veneno de Vanessa lograban apagar
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