Capítulo 91. Un extraño a sus ojos.
Ares cruzó el umbral.
El interior de la casa era modesto, limpio y olía a leña quemada y a café pasado. El contraste con la frialdad de mármol de su propia mansión era brutal. Aquí había vida. Había hogar.
Sus botas, aún manchadas de barro del río, resonaban con un sonido hueco sobre las tablas del suelo mientras avanzaba por el pasillo estrecho.
Cada paso le costaba. Cada paso aumentaba el ritmo de su corazón hasta que lo sentía latir en la garganta.
¿Cómo estaría? ¿Qué tan grave era el golpe?