Capítulo 92. Solo unos ojos grises.
Esa palabra quedó suspendida en el aire denso de la pequeña cocina, rebotando contra las paredes de madera.
Para Ares, el mundo exterior había dejado de existir. Solo existía el eco de ese rechazo.
Ares se quedó petrificado. Su mano, que había estado extendida hacia ella en un gesto de súplica, ahora parecía un arma a los ojos de ella.
La vio encogerse aún más contra la pared, tratando de fundirse con el yeso descascarado, temblando con tal violencia que los frascos en la estantería cercana vi