Capítulo 38. Asegúrate de que no vuelva a levantarse.
—Gracias, Levine. Descansa. Te daré un bono que hará que olvides que no dormiste.
Silas colgó. Inmediatamente, abrió el ordenador portátil.
—Ares, necesito proyectar esto —dijo.
Ares asintió y presionó un botón en el mando a distancia. La pantalla gigante que solía mostrar gráficos de bolsa o películas bajó del techo. Silas conectó el ordenador.
En la pantalla apareció la bandeja de entrada de Silas. Abrió el correo de Levine. Había un archivo adjunto: una captura de pantalla de un correo elect