Capítulo 150. El foso de los leones.
Esteban empujó las pesadas puertas dobles del tribunal.
La luz del sol de media mañana los golpeó de lleno, cegadora y cálida. Pero más impactante fue el sonido. Era como entrar en un estadio en plena final. El aire estaba cargado de electricidad estática y sudor.
Un muro de fotógrafos, reporteros y camarógrafos se abalanzó contra el cordón policial al pie de las escalinatas. Cientos de flashes estallaron al mismo tiempo, creando una tormenta de luz blanca y estroboscópica que desorientaba los