Capítulo 121. ¿Hacia dónde ir?
El rugido del motor del Mercedes era lo único que mantenía a Lyanna anclada a la realidad, un sonido constante y grave que le prometía que cada metro avanzado era un metro lejos de la muerte.
Conducía con los nudillos blancos, aferrada al volante de cuero como si fuera un salvavidas en medio de un naufragio.
El viento helado entraba aullando por la ventanilla trasera destrozada, trayendo consigo el olor a pólvora quemada que aún persistía en la tapicería y el silbido cortante de la velocidad.