Te amo Angelic.
En el avión privado del que habló Alessandro. De Russie casi ahorcaba con sus propias manos a la rubia.
— ¡Cálmate Aleskey, no puedes matarla, lleva a tus hijos en el vientre, carajo!
— ¿Pero qué fue lo que hice? Solo dije que me apetecía un salmón a la plancha para comer, ese es el antojo de los bebés... — Decía la socialité fingiendo inocencia.
— ¡Estamos a treinta mil pies de altura, escapando no de una, si no de muchas mafias que me quieren matar! ¿Y tú estás aquí jodiendo que quie