Las palabras del médico parecieron quedar suspendidas en el aire. Durante varios segundos, Alonso Trovatto simplemente permaneció inmóvil frente a él. No porque no hubiera escuchado. Todo lo contrario. Había escuchado cada sílaba con absoluta claridad. Quizás demasiada claridad. El problema era que su mente se negaba a procesarlas. Su esposa estaba viva. Aquello era lo único que había deseado durante las interminables horas de espera. Sin embargo, ahora una nueva realidad acababa de aparecer fr