La mañana avanzaba lentamente sobre Villa El Roble.
Los rayos del sol atravesaban las amplias ventanas del salón principal, proyectando reflejos dorados sobre el suelo de mármol. Todo parecía tranquilo. Demasiado tranquilo.
Vega permanecía sentada en uno de los sofás junto a la ventana.
Sobre sus piernas descansaba una tableta.
Sus ojos recorrían una página tras otra.
Artículo tras artículo.
Informe tras informe.
Durante las últimas horas había intentado convencerse de que podía aceptar su real