Las puertas de la sala de operaciones se cerraron frente a Alonso Trovatto con un sonido que le resultó insoportablemente definitivo. Durante unos segundos permaneció inmóvil observando el cristal, como si de alguna manera pudiera atravesarlo y llegar hasta Vega. Su camisa estaba manchada con la sangre de ella. Sus manos también. El hombre que acostumbraba controlar cada aspecto de su vida acababa de descubrir que existían situaciones que escapaban completamente de su poder. Y aquella realidad