La madrugada envolvía la villa alquilada por Gabriel y Fátima Trovatto con un silencio pesado, casi opresivo. Afuera, el viento agitaba lentamente los árboles del jardín, pero dentro de la propiedad el ambiente era mucho más inquietante. Gabriel permanecía sentado en el despacho improvisado que había convertido en su centro de operaciones. Una copa de licor descansaba sobre la mesa, junto a varios informes financieros, fotografías y documentos relacionados con Trovatto Group, Nexus y la familia