Vega permanecía sentada junto a la ventana de la habitación principal de Villa El Roble.
La mañana había comenzado tranquila.
Demasiado tranquila, pero esta tarde era diferente y ella lo sentía.
El sol del atardecer se filtraba entre las cortinas claras, iluminando suavemente la pantalla de la tableta que descansaba sobre sus piernas.
Llevaba más de una hora leyendo.
Buscando.
Investigando.
Volviendo a leer.
Y luego buscando otra vez.
Sus dedos se detuvieron sobre la pantalla.
El pecho volvió a