Lo de anoche no cambia nada.
El amanecer llegó despacio, como si la montaña se negara a romper el hechizo de la noche. Vega despertó antes que el sol terminara de alzarse. No fue el frío lo que la sacó del sueño, ni el crujido de la madera vieja de la cabaña. Fue esa sensación persistente bajo la piel, un eco que no se disipaba con el descanso. Abrió los ojos y durante unos segundos no supo dónde estaba, hasta que la luz blanquecina filtrándose por la ventana le devolvió la memoria.
La cabaña.
La nieve.
Alonso.
Se inco