— ADVERTENCIA
—SIGUES AQUÍ.
Vega se giró lentamente, con el teléfono aún apagado en la mano, y clavó la mirada en la tortuga robótica que avanzaba tras ella con un zumbido constante, casi… insistente.
—No me digas —respondió con ironía—. Pensé que era parte de la decoración.
La tortuga se detuvo en seco, sus ojos azules parpadearon una vez.
—EL SARCASMO NO ESTÁ AUTORIZADO EN EL DESPACHO DEL AMO.
—Pues tendrás que acostumbrarte —replicó Vega, caminando hacia una de las paredes laterales—. Porqu