Apenas podía mantenerme en pie después de escuchar semejante barbaridad salir de la boca de Alonso. El mundo parecía girar bajo mis pies; aquello no tenía sentido, era una locura imposible.
—¿Cómo podría yo casarme contigo? —mi voz salió temblorosa—. Tú tienes una prometida, ella estaba embarazada de ti. Ya eres esposo y padre… lo que dices es una barbaridad.
Alonso no mostró sorpresa. No hubo culpa en su rostro, ni una sola grieta en su expresión.
—No soy ese Alonso —respondió con frialdad—. S