La habitación estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Las cortinas apenas se movían con la brisa tenue que entraba desde el balcón. El sol de la mañana iluminaba la alfombra con un tono pálido, casi frío. Vega permanecía sentada al borde de la cama, aún con la bata de seda puesta, sosteniendo la tablet que contenía los informes de la empresa.
Alonso estaba frente a ella, completamente vestido ahora. Impecable. Controlado.
Pero sus ojos no estaban serenos.
—El vicepresidente llegará en veinte mi