Salí de la habitación siguiendo el camino que Alonso me había indicado. La casa estaba en silencio absoluto. Solo una lámpara lunar, tenue y solitaria, permitía distinguir las sombras.
—¿Buscas la manera de escapar?
Me sobresalté. Su voz grave me recorrió la piel como un escalofrío. Me giré de inmediato. Alonso estaba detenido en el penúltimo escalón, inmóvil, con esos ojos ámbar clavados en mí.
—Deberías pensar en alimentar a tu esposa… —dijo con calma cruel.
Fruncí el ceño antes de respon