El eco de sus propios pasos era lo único que acompañaba a Julián mientras cruzaba el umbral. Venía con la mente saturada de cifras, contratos y la imagen persistente de un futuro que empezaba a materializarse bajo sus propios términos. Sin embargo, el silencio de la mansión se rompió de forma abrupta.
Al cruzar la pesada puerta de madera, Julián sintió que una figura se lanzó sobre él sin previo aviso, rodeándolo con los brazos con una fuerza que lo obligó a detenerse en seco, perdiendo el equi