Nahla observó la pantalla de su teléfono mientras la ubicación parpadeaba como un pulso nervioso. Miró de reojo la cama donde William descansaba, dándole la espalda, convertido en un extraño que compartía su misma sábana.
El eco de la palabra «divorcio» todavía golpeaba sus oídos, pero la llamada misteriosa había encendido una chispa de paranoia que no podía ignorar. Si esa mujer sabía algo sobre Paolo y William, Nahla no podía permitirse el lujo de quedarse sentada esperando el amanecer. Se pus