William se alejó del ventanal, pero sus ojos no se fijaron en nada de lo que había en la habitación. Su mente estaba en otro tiempo, en una vida que parecía pertenecerle a un extraño.
Nahla lo observaba desde el sofá, manteniendo una distancia prudencial, respetando ese espacio que él necesitaba para abrir, de una vez por todas, las compuertas de su memoria sobre el nombre que tanto lo atormentaba.
—Dijiste que querías la verdad completa —comenzó William, y el tono de su voz bajó varias octavas