Paolo dio unos pasos hacia adelante, disfrutando del caos que empezaba a estallar en cada rincón del salón. Se movía con la suficiencia de quien sabe que ha ganado una partida importante.
—¿Están sorprendidos? —preguntó con una voz que fingía lástima—. Yo también me quedé asombrado al descubrirlo. Porque, seamos sinceros… nadie en su sano juicio se une a alguien con semejante rastro de tragedia detrás, ¿no es así? ¿Quién querría estar cerca de un hombre que causa accidentes mortales cuando las